El
Monje Loco en Cuentos de Abuelito
Ediciones CEMSA
Cuentos
de Abuelito, de Ediciones CEMSA (Corporación Editorial Mexicana S.A.), salió
semanalmente entre 1952 y los primeros años de la década del 60. Publicada en
tamaño pequeño (11,3 x 14,5 cm), los primeros siete números presentaron "Kun’ga,
La Diosa de Oro", protagonizada por una muchacha de la jungla. Conan y Belit comenzaron a aparecer en el N° 8 hasta el N° 61, con excepción de los Nos. 20, 22, 27, 29, 31 y 34.
Estos números presentaron los viernes de cada semana al Monje Loco, un macabro anfitrión cuyas
raíces se remontan a los días de los radioteatros, donde narraba cuentos de
terror, muchas veces mientras tocaba el órgano.
Dado que era muy difícil para el artista dibujar las 36 páginas del
cómic todas las semanas, de vez en cuando La Reina de la Costa Negra era
reemplazada por El Monje Loco, personaje que se babeaba sobre el teclado de su
órgano, riéndose con voz cascada mientras presentaba sus terroríficos cuentos.
De todas formas, la contratapa prometía más aventuras de Conan y Belit “todos
los lunes”.
En el N° 19, del 1° de diciembre de 1952, se publicita la próxima aparición del Monje Loco con sus escalofriantes narraciones. También se hace la siguiente recomendación:
"SEÑORES AGENTES Y DISTRIBUIDORES:
HAGAN SUS PEDIDOS CON ANTICIPACIÓN A:
CIA. DISTRIBUIDORA DE PERIÓDICOS, LIBROS Y REVISTAS S.A.
Instituto Técnico N° 269 MÉXICO, D.F.".
Y en una de sus páginas interiores se reiteraba que desde el viernes siguiente el Monje Loco estaría disponible con sus espantosas historias.
Fechas de aparición de El Monje Loco:
N° 20 - 5 de diciembre de 1952 (El sepulcro blanco)
N° 22 - 12 de diciembre de 1952 (La reencarnación de Lina)
En el N° 25, de diciembre de 1952, el Monje Loco aparece en la carátula junto a Conan y Belit, deseando a los lectores feliz navidad y próspero año nuevo 1953.
N° 27 - 9 de enero de 1953 (Venganza de ultratumba)
N° 29 - 16 de enero de 1953 (Herencia mortal)
N° 31 - 23 de enero de 1953 (El gorila asesino)
N° 34 - 30 de enero de 1953 (Tres sepulturas)
El Monje Loco fue anunciado en la revista Rolando el Rabioso,
de Gaspar Bolaños, Editorial CEMSA, a partir del 29 de marzo y luego a partir
del 14 de abril de 1958, a 80 centavos, por su director José Maartínez Estrada, pero no llegó a aparecer ningún
ejemplar ni suplemento independiente de El Monje Loco bajo el
sello de Corporación Editorial Mexicana en esa fecha específica.
A pesar del anuncio publicitario formalizado en las páginas
de Rolando el
Rabioso por su creador Gaspar Bolaños, el proyecto planificado
para lanzarse en esa fecha se canceló a último momento o no prosperó
comercialmente debido a problemas de derechos de autor con el radioteatro
original o reestructuraciones internas de la editorial.
Para entender lo ocurrido en 1958, es necesario revisar la
cronología oficial del famoso personaje de terror mexicano:
Inicios (1940): Tras su rotundo éxito en la estación
de radio XEW en 1937, saltó por primera vez a la historieta dentro de la
icónica revista Chamaco Chico de
Publicaciones Herrerías, con dibujos de Juan Reyes Beiker y
argumentos de Carlos Riveroll del Prado.
En 1953, historias sueltas de El Monje Loco
(dibujadas por Héctor Gutiérrez "Hecky") habían aparecido en algunos
números de otra publicación de la época, Cuentos de Abuelito de Corporación Editorial Mexicana.
A fines de la década de 1950, el personaje estuvo ausente de
los puestos de revistas en formato propio. El anuncio en la revista de Gaspar
Bolaños (CEMSA) fue un intento fallido de revivirlo.
La publicidad apareció por lo menos en los Nos 187
(17 de marzo), 188 (24 de marzo) y 191 (14 de abril de 1958) de Rolando el Rabioso.
La revisión exhaustiva de estos "ejemplares fantasmas"
revela las razones de su cancelación:
Las razones detrás del ejemplar inexistente
El cierre repentino de la serie: El N° 188 fue de los
últimos suspiros de esa era de la historieta, pues la serie regular de Rolando
el Rabioso de los años 50 concluyó abruptamente en el N° 193. El
colapso financiero o logístico de la editorial CEM impidió no solo continuar
las aventuras de Rolando y Pitoloco, sino también materializar sus nuevos
lanzamientos.
Derechos en disputa: El traspaso, registro e intento
de lanzar al personaje con un título propio se topó con un muro legal y
económico que sepultó el proyecto durante casi una década.
El regreso oficial (1967): El personaje volvió
formalmente a los cómics casi una década después del anuncio fallido.
Reapareció primero en Editorial Continente/EDCO (julio de 1967) por solo tres
números (con otros tres "números fantasmas": El ahorcado, El loco y
El feo) y, posteriormente, alcanzó su época de oro absoluta con Editorial
Temporae a finales de ese mismo año.
Cualquier ejemplar físico de El Monje Loco
pertenecerá a la era clásica de Chamaco Chico (años 40) o a las
posteriores y muy coleccionables ediciones de CEMSA, EDCO, Temporae o GEMSA de
finales de los años 60 y principios de los 70. El anuncio de marzo de 1958
quedó grabado únicamente como una de las grandes "promesas fantasma"
y curiosidades de la historia del cómic mexicano.
La dirección de Balderas 44 pasó a la posteridad en la
industria del cómic por albergar las oficinas de Gaspar Bolaños y sus
publicaciones, pero la esperada portada de El Monje Loco impresa bajo
ese sello quedó únicamente en el tintero de las prensas de CEMSA.
El Contexto del Regreso (1958)
La mudanza de formato: Tras el cierre definitivo del
formato original de la revista Pepín (Editorial Juventud) en 1958 y la
caída de ventas de los formatos digest tradicionales, los autores
buscaron independizarse o reactivar sus viejas glorias en cuadernillos únicos y
dedicados (los llamados "títulos autónomos").
La alianza Bolaños - C.E.M.: Gaspar Bolaños ya tenía
un peso tremendo en la Corporación gracias al arrastre de Rolando el Rabioso.
Él vio en El Monje Loco la oportunidad perfecta para competir contra el
naciente mercado de historias de crimen, nota roja y suspenso que empezaba a
dominar los puestos de periódicos.
Características de este intento de resurgimiento
1) Rompiendo con el estilo original: A diferencia de
las historias ilustradas por Héctor Gutiérrez en 1952 o el arte primigenio de
Juan Reyes Beiker en los años 40, el relanzamiento comandado por Bolaños en
1958 buscó un tono mucho más maduro, lúgubre y sombrío, tratando de emular de
forma indirecta el éxito de los cómics de terror norteamericanos (estilo EC
Comics) antes de que se endureciera la censura de la Comisión Calificadora
de Publicaciones y Revistas Ilustradas en México.
2) El obstáculo de la distribución: El gran problema
de este relanzamiento a inicios de 1958 fue logístico. La Corporación Editorial
Mexicana no logró asegurar los canales de distribución masiva necesarios para
que el título sobreviviera de forma independiente en los puestos de revistas,
compitiendo contra monstruos editoriales. Esto provocó que la tirada fuera
sumamente corta y que el proyecto se cancelara de forma abrupta.
Este fracaso comercial dejó el terreno libre y congelado
para el personaje, hasta que casi una década después, en 1967, Editorial
Novaro retomó los derechos con éxito masivo e introdujo las portadas icónicas
que la mayoría del público recuerda hoy en día.
El rastreo de créditos específicos para el proyecto de
resurgimiento de El Monje Loco a principios de 1958 es uno de los
desafíos más complejos y apasionantes de la historieta mexicana. Esto se debe
principalmente a las dinámicas de trabajo e invisibilización laboral de
la época de oro.
Es fundamental comprender cómo funcionaba el taller de
Gaspar Bolaños y los nombres claves involucrados en la producción de
Corporación Editorial Mexicana (C.E.M.S.A.) en ese año de transición:
El fenómeno de las firmas "fantasma" y el
anonimato comercial
El crédito único: En 1958, la gran mayoría de los
cómics en México se publicaban bajo la firma única del director del taller o el
creador consagrado. Todo el material que salía de la oficina de Bolaños iba
firmado exclusivamente por él como "G. Bolaños" o bajo el
sello del taller, ocultando en los interiores los nombres de los ayudantes. Los
dibujantes secundarios, fondistas y entintadores cobraban a destajo por página
entregada (por semana). Al ser trabajadores flotantes que no gozaban de
derechos autorales ni contratos fijos, la editorial omitía deliberadamente sus
créditos para evitar reclamos legales sobre la propiedad intelectual del
personaje.
Los nombres claves detrás del proyecto de 1958
A pesar del anonimato impreso, los registros históricos de
los talleres de C.E.M. y las genealogías de artistas de la época apuntan a un
grupo específico de creadores que operaban bajo la dirección de Bolaños o
ayudaban en el soporte gráfico de sus proyectos paralelos de terror y humor:
Héctor Gutiérrez (Soporte y transición): Aunque fue el
dibujante estelar de El Monje Loco en la etapa de Cuentos de Abuelito
(1952-1953), Gutiérrez seguía estrechamente vinculado a los proyectos de
misterio y melodrama de Corporación Editorial Mexicana a finales de la década.
Aportó trazos de referencia y asesoría en el cambio de estilo hacia el terror
sombrío de 1958.
Los asistentes de "Rolando el Rabioso": Gaspar
Bolaños no dibujaba solo. Para mantener el ritmo de entrega de Rolando,
utilizaba un taller de jóvenes entintadores y fondistas. Estos mismos artistas serían
los encargados de confeccionar las páginas de El Monje Loco en 1958. Entre los
nombres que orbitaban su taller en esa época de reestructuración (antes del
cierre definitivo) destacan ayudantes y operadores gráficos que posteriormente
migrarían a otras editoras, adaptando el estilo denso en sombras que requería
el Monje.
La antesala al Estudio Rubens (Rubén Lara): Aunque Rubén
Lara y su célebre Estudio Rubens se consagraron formalmente con el personaje en
la versión de Editorial Novaro en 1967, varios de los dibujantes jóvenes que
posteriormente integraron este y otros talleres (como Carlos Moro o Juan
Rangel) dieron sus primeros pasos en los talleres independientes de los años
50, aprendiendo el oficio a la sombra de maestros como Bolaños.
1. El triunfo del claroscuro sobre la línea tradicional
Gaspar Bolaños venía de la escuela clásica del Pepín,
donde el dibujo dependía mucho de la línea clara y un entintado limpio apto
para prensas rápidas. El Estudio Rubens rompió con esto. Aprovechando el
formato en blanco y negro de Temporae, introdujeron un estilo de claroscuro
denso, con lavados de tinta, aguadas y un uso dramático de las sombras (estilo
chiaroscuro). Esto generaba una atmósfera opresiva y gótica que el dibujo
lineal de los años 50 no podía lograr, emulando la estética de las revistas de
horror estadounidenses de la época como Creepy o Eerie.
2. La sofisticación anatómica y el horror psicológico
El intento de 1958 seguía arrastrando cierta rigidez
caricaturesca en la representación de los monstruos o las víctimas. El estudio
de Rubén Lara aportó un realismo estilizado y dinámico. Los rostros de
los personajes reflejaban una profunda desesperación, locura y crudeza
anatómica. Historias icónicas de esta etapa de 169 números (como el célebre
número 135, "La mujer rata") impactaron al público
precisamente porque el sepia acentuaba las texturas de la descomposición, la
sangre y el entorno lúgubre del Monje Loco.